El Hombre de Hoy es el mismo de Ayer. La condición humana no cambia, somos tan mortales hoy como antaño. El Hombre sabe que no va a vivir para siempre, “siempre” es una palabra prohibida para El; “Cada cosa se esfuerza por perseverar en su ser” dice Baruch Spinoza. La piedra quiere seguir siendo piedra, el perro quiere seguir siendo perro y el Hombre quiere seguir siendo Hombre, y siéndolo eternamente, tiene apetito de eternidad, pero a diferencia de los 2 primeros, sabe que no va a poder y eso lo angustia. Es esa angustia, ese sentimiento trágico lo que lo obliga a buscar el “Porque” y el “Para que” de su existencia y en esa búsqueda recurre (inventa) al Arte, la ciencia y la filosofía. Los sonetos de Shakespeare, la Gioconda de Leonardo, EL Proceso de Kafka o la teoría de la relatividad de Einstein no son otra cosa que una búsqueda del por qué y para qué estamos acá.
Ya lo habían descubierto los griegos, somos
seres con anhelo de perpetuidad en un cuerpo finito y corrompible y
esa es la paradoja de la vida. Ante esta disyuntiva, el hombre,
sanamente, opta por negar la muerte. “En el mundo moderno
todo funciona como si la muerte no existiera. Nadie cuenta con ella.
Nadie piensa que se va a morir. Todo la suprime: las predicas de los
políticos, los anuncios comerciales, los programas de televisión, las
costumbres, la alegría a bajo precio” dice Octavio Paz.
Todo lo que el hombre crea no le deja lugar a la muerte. El Hombre lucha
contra la muerte que se acerca con el paso del tiempo, es este el que
se esfuma y nunca va a volver, nunca volverá nuestro pasado. Este es el
tema de central de nuestra existencia, el tiempo pasa y nunca volveremos
a hacer quienes fuimos. Somos juguetes del tiempo y el rige el ritmo de
nuestras vidas.
La muerte es inevitable pero es el precio que
el hombre paga por conocer el amor. Amamos porque nos vamos a morir
algún día, si fuésemos inmortales, seguramente no necesitaríamos del
amor, no nos haría falta. “Pero el amor es una de la
respuestas que el hombre ha inventado para mirar de frente a la muerte.
Por el amor le robamos al tiempo que nos mata una cuantas horas que
transformamos en paraíso […] El amor es intensidad; no nos regala la
eternidad sino la vivacidad, ese minuto en el que se entreabren las
puertas del tiempo y del espacio. […]En el amor todo es dos y todo
tiende a ser uno.”(Octavio Paz-La llama Doble)
Ariel.H

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