En las noches de carnaval, la premisa es disfrazarse, ocultar nuestra identidad, ser cualquiera o ser nadie. En esas noches no existen las clases sociales, las diferencias; las mascaras nos igualan a los demás, nos mimetizan, somos parte de esa gran masa uniforme, anónima. Ya no somos nosotros, somos nadie. Nos ocultamos para poder vivir, por un rato nomas, otra vida, ser otro, lejos de la rutina, de las obligaciones, del día. Esa noche se puede dar paso a la lujuria, el exceso y el desenfreno ya que “nadie” las está cometiendo.
Pero no solo en carnaval nos disfrazamos, la palabra “persona” viene del etrusco, de la palabra “phersu” («máscara» del actor, personaje) .Somos personas, somos personajes .Nos ponemos una máscara todos los días y actuamos nuestra propia vida ante el universo que nos mira (Borges deslizo la idea que acaso Dios nos creó para llenar su existencia eterna en un universo vacio, para ser actores de una gran comedia universal con El como único espectador). Nunca podremos saber realmente quienes somos, nunca nos mostraremos tal cual somos, el terror a descubrir nuestras debilidades, nuestros miedos hace que nos escondamos detrás de mascaras, de posturas, de actitudes, de “personalidad “para no develar nuestro ser ¿Quiénes somos? No lo sabemos, pero acaso Whitman encontró una pista:







